Existen muchos ejemplos que denotan un entorno no planeado para ser usado de igual forma por todos los ciudadanos, viéndose las personas con algún tipo de discapacidad sensorial o motora muy perjudicadas. Rampas con una increíble pendiente imposible de subir, inviabilidad generalizada para la orientación de los invidentes y una sociedad que, poco o nada sabe sobre cómo comunicarse con personas con discapacidad auditiva. Todos ellos son factores muy fáciles de cambiar, pero que no son tratados con la importancia que les concierne. Termina por agravarse cuando nos percatamos de cómo estos factores afectan, perjudican y obstaculizan la vida estudiantil de miles de alumnos en Canarias. Aquí es donde hemos decidido centrar nuestros esfuerzos para mejorar los centros de
enseñanza en todo el archipiélago. Estudiando el estado de nuestro instituto, IES San Diego de Alcalá, centro de atención preferente a alumnado con algún tipo de discapacidad sensorial, hemos desarrollado 3 diferentes propuestas para mejorar esta situación.
Una de ellas tiene como objetivo favorecer la autonomía de las personas invidentes en los centros docentes. Haciendo un breve estudio del alumnado invidente de nuestra escuela hemos observado como este se encuentra en una relación de dependencia con algún acompañante a la hora de desplazarse por el establecimiento. Esto atenta directamente contra la sana vida estudiantil ya que nunca nadie podrá llegar a desarrollarse del todo sin un solo ápice de autonomía. Para solucionar este problema hemos llegado a la conclusión de que la mejor manera de hacerlo es la referenciación de las aulas en código braille y la implementación de paneles podotáctiles en los pasillos. La primera propuesta trata simplemente de adaptar los carteles que señalan cada aula con unos carteles donde además, se encuentre la misma información pero en código braille. La idea de los paneles podotáctiles se basa en la instalación de unos “raíles” en los suelos con la intención de que gracias a estos, y usando el bastón, un alumno invidente pueda recorrer el centro entero bien orientado y además conocer qué aula tiene delante, gracias a los carteles anteriormente mencionados.
La segunda propuesta está orientada a integrar a las personas sordas o sordomudas en la vida social estudiantil. Obviamente, es muy utópico pensar que todos podríamos aprender lenguaje de signos quizás por el momento sea imposible. Por ello, hemos pensado que sería una buena idea que el alumnado reciba pequeñas charlas dadas por personal formado como intérpretes sobre cómo comunicarse a rasgos generales con los alumnos con discapacidad auditiva. Por ejemplo, el no mirar al intérprete, sino a la persona a la que te quieres dirigir y este tipo de cosas en las que erramos constantemente. También se podrían aprender palabras de uso diario. Todo esto para intentar crear puentes de comunicación entre diferentes alumnos y que no exista exclusión ninguna debido a la
ignorancia del cómo hacerlo.
Como tercer y última idea presentamos una pequeña actividad que puede conllevar un cambio brusco en la interpretación de los alumnos frente a otras realidades. Como nuestro proyecto se basa en la discapacidad sensorial, este ejercicio seguirá la misma trayectoria. Se basa en hacer uso de la empatía y ayudar a los alumnos a entender estas realidades poniéndose literalmente en el lugar de los alumnos con discapacidad. Asistir un día lectivo entero a clase con unos cascos que te aislen del
sonido o unos antifaces que recuerden a lo que sienten las personas invidentes es una buena práctica para entender por lo que pasan estas personas.
Con todas estas ideas deseamos una integración total de las personas con discapacidades sensoriales en el sistema educativo, logrando una fructífera igualdad de oportunidades y una sana vida estudiantil. Por todo ello, nuestro proyecto toma como objetivo la inclusión y como protagonistas
todos los alumnos. Para ello, basamos nuestro plan bajo tres A: Acerca, Actúa y Adapta. porque lo que debemos hacer es acercarnos a otras realidades y actuar para adaptarlas a la nuestra.

Rodrigo Rosón Santana

Federico Bandi

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