Juntos podemos con todo
Erasé una vez un aula de primaria donde todos los niños y niñas que la conformaban eran iguales en capacidades físicas, mentales y sociales, donde todos alcanzaban las mejores calificaciones con aparentemente el mismo esfuerzo y donde nadie presentaba una necesidad de ayuda diferente a sus compañeros. Esto es lo más común en los espacios educativos actuales y es por esto que cuando una de las niñas de este aula, llamada Carolina, en su tiempo de ocio conoce a otras niñas de su edad con características diferentes, no sabe bien cómo actuar y como ahí fuera en el mundo real, no se nos puede clasificar se da cuenta que dejando de lado los prejuicios, todo comienza a valer la pena.
Es por esto que considero que niños y niñas de edades respectivas a la etapa primaria de la escolaridad, deberían comenzar a tener contacto con la discapacidad para que vean y sepan que lo normal es que todos seamos diferentes y que mirando las capacidades de cada uno, todos ellos tienen la posibilidad de ayudar a quien de verdad lo necesita.
Juntos podemos con todo es un proyecto que consiste en acercar en forma de juegos y diferentes dinámicas a los más pequeños múltiples experiencias, como por ejemplo enseñarles de manera divertida su nombre en lenguaje de signos,
enseñarles también mediante juegos como la búsqueda del tesoro, las barreras arquitectonicas que encuentran las personas con movilidad reducida y a cómo ayudarles, el síndrome de down y su dificultad para el habla o incluso la
importancia del trabajo en grupo mediante juegos tan simples como vendar los ojos para representar la ceguera y colorear un dibujo confiando en las indicaciones de sus compañeros, haciéndoles ver que es necesaria la colaboración de todos para lograr ciertos objetivos.
La realidad es que muchos niños y niñas, no interactuan día a día con pares que tengan alguna diversidad funcional, es este uno de los motivos por los cuales estos futuros adultos llegan a la discriminación.
No existe peor arma que el desconocimiento, y es la escuela un lugar adecuado en cuanto a espacio y características para desempeñar las dinámicas que enseñarán a los niños a ser más pacientes, empáticos y consecuentes del mundo y sus acciones y por supuesto teniendo una notable repercusión en el colectivo que se ve muchas veces aplazado, las personas con discapacidad.
La niñez es la mejor de las etapas para enseñar al cerebro nuevas formas de pensar y estas experiencias desde las aulas tendrían gran repercusión en el futuro de estos niños y niñas. Todos somos diferentes y debemos vivir en una sociedad donde nos complementamos.

Cristian Medina

Gran Canaria

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